Reconociendo el plan bíblico, y el solemne privilegio y la responsabilidad que descansa sobre los miembros de la iglesia –como hijos de Dios y miembros de su cuerpo, que es la iglesia–, se anima a todos a devolver un diezmo fiel (la décima parte de sus ganancias o ingresos personales) a la tesorería de la denominación. La iglesia local no usa ni gasta el diezmo, sino que lo remite al tesorero de la Asociación. De esa forma, el diezmo de Todas las iglesias fluye a la tesorería de la Asociación local, que a su vez remite un porcentaje al siguiente nivel superior, en concordancia con los reglamentos de la Asociación General y de la División, para hacer frente a los gastos de llevar adelante la obra de Dios en sus respectivas esferas de responsabilidad y actividad.
El Señor dice: “Traigan todo el diezmo a la tesorería, y haya alimento en mi casa” (Mal. 3:10). La Iglesia ha seguido este plan desde sus primeros días.
“Me ha sido dado un mensaje claro y bien definido para nuestro pueblo. Se me ha pedido que les comunique que están cometiendo un error al dedicar el diezmo a diferentes propósitos que, aunque son buenos en sí mismos, no son los objetivos para los cuales el Señor ha establecido el diezmo. Los que hacen este uso del diezmo se están apartando de las disposiciones del Señor. Dios los juzgará por esto” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 104).